martes, 5 de febrero de 2019

Una mujer de 17 años con dolor torácico y hemoptisis.

Una mujer de 17 años con dolor torácico y hemoptisis.

Presentación del caso:

Dr. Mary Shannon Fracchia (Pediatría): Una muchacha de 17 años fue derivada a este hospital debido a dolor torácico y hemoptisis. Ella había estado bien excepto por asma leve hasta 4 meses antes de la internación, momento en que comenzó a presentar edema en miembros inferiores; se hicieron análisis en ese momento que mostraron proteinuria 3+, hematuria, e hiperlipemia.
Un mes más tarde se llevó a cabo una biopsia renal en otro hospital, y se realizó un diagnóstico de glomerulonefritis membranosa. En ese momento se realizaron tests de anticuerpos contra hepatitis B y hepatitis C, así como anti-ribonucleoproteínas, anti-topoisomerasa I, anti-Sm, anti-Ro (SS-A), anti-LA(SS-B), anti- DNA de doble cadena, y FAN que fueron todos negativos. Los niveles de complemento C3 y C4 eran normales.
Se la medicó con enalapril, atorvastatin, y restricción hídrica; después de varias semanas de tratamiento, la paciente discontinuó el atorvastatin debido a dolores musculares.
Después de la biopsia renal la paciente se quejó de dolor persistente en la región lumbar y en el abdomen. Una ultrasonografía renal demostró un pequeño hematoma perirrenal.
En los 2 meses posteriores se llevaron a cabo ecografías que mostraron disminución en el tamaño del hematoma, aunque la paciente se siguió quejando de dolor severo en región lumbar así como dolor abdominal, que persistió a pesar del tratamiento con oxicodona y acetaminofeno, llegando a interferir con sus actividades y con el sueño, haciendo que la paciente debiera permanecer mucho tiempo en cama. El edema en miembros inferiores era intermitente. Durante las 2 semanas antes de su internación , el dolor lumbar y abdominal disminuyó en intensidad, pero comenzó a tener doloren el tórax, irradiado a cuello y hombros, y que se exacerbaba con la tos y la inspiración profunda.
Seis días antes de la internación, consultó a una clínica de dolor, donde se le realizó diagnóstico de neuralgia intercostal prescribiéndosele gabapentin y tramadol. En los siguientes días el dolor empeoró, y se agregaron tos y hemoptisis, y además tuvo un episodio de disnea, que se alivió con el uso de albuterol inhalado.
El día antes de la internación, ella consultó en otro hospital debido a aumento del dolor torácico. En ese momento la temperatura era de 39ºC, la presión arterial de 115/69, y la frecuencia cardíaca de 156 por minuto. La saturación de oxígeno era de 98% mientras la paciente respiraba aire ambiente. Al examen, su respiración era superficial debido a limitación por dolor. Los campos pulmonares se auscultaban claros, y el resto del examen físico era normal. Se le administraron 2 litros de solución salina normal en el departamento de emergencias, y posteriormente la paciente fue admitida a la unidad de cuidados intensivos pediátricos.
Se inició tratamiento con enoxaparina. La saturación de oxígeno cayó a 92/93% por lo que se comenzó a administrar oxígeno por cánula nasal a un ritmo de 1 a 2 litros por minuto. Los resultados de los análisis de orina fueron positivos para proteínas (3+) y para sangre (2+), y tenían una densidad de 1041. La Rx de tórax reveló una densidad heterogénea en el ángulo costofrénico izquierdo, y el ECG mostró taquicardia sinusal. Se le administró sulfato de morfina para el dolor y se enviaron muestras de sangre para hemocultivos.
Al día siguiente, un ecocardiograma transtorácico mostró moderada dilatación ventricular derecha con una presión estimada de 60 mmHg en la arteria pulmonar; un aplanamiento y movimiento paradojal del septum fue observado, así como un pequeño derrame pericárdico. No se observaron trombos auriculares ni ventriculares. Después de un tratamiento preventivo con acetilcisteína y bicarbonato, una TAC espiralada y una angio-TAC de tórax fueron llevadas a cabo.
Había émbolos en ambas arterias pulmonares con múltiples infartos pulmonares y pequeño derrame pleural bilateral.
La ultrasonografía renal reveló un hematoma alrededor del riñón izquierdo; Los estudios con eco-Doppler no mostraron trombos en la vena cava inferior y los tests no invasivos de las piernas no demostraron trombosis venosa profunda. La enoxaparina fue discontinuada y se comenzó tratamiento con heparina sódica; la paciente fue transferida a este hospital donde fue admitida a la unidad de terapia intensiva.
La paciente tenía asma leve intermitente, que ocasionalmente requería uso de albuterol inhalado, sobre todo cuando presentaba episodios infecciosos de vías aéreas superiores, pero nunca había sido internada antes. Ella era una buena estudiante de la secundaria, y no fumaba ni tomaba alcohol, o drogas ilícitas. Su madre tenía esclerosis múltiple y asma, su padre tenía hipertensión y una prima segunda tenía LES. Un tío paterno recibía diálisis por causa que ella ni sus familiares conocían. Su madre tenía dos hermanos que tenían talasemia menor, y su hermana melliza estaba sana. La paciente tomaba anticonceptivos orales desde hacía 3 años, para tratamiento de irregularidades menstruales. Su medicación durante la internación en el otro hospital incluia: heparina, morfina, ranitidina, albuterol, y solución fisioglucosada.
En su internación en este hospital su temperatura era de 38,3ºC, el pulso de 148 por minuto, la TA de 138/72 mmHg, la frecuencia respiratoria de 34 por minuto, y la saturación de oxígeno de 92% mientras la paciente respiraba aire ambiente. Se auscultaba un 2º ruido fuerte. La columna venosa yugular, medidas con la paciente reclinada a 30º era de 7 cm por encima del ángulo esternal. Se palpaba el latido de la pulmonar, y del ventrículo derecho, y se auscultaba un soplo sistólico rudo grado 2/6 en el borde esternal izquierdo. Había dolor en el hemiabdomen derecho, y edema 1+ en ambos miembros inferiores hasta las rodillas.
Un ECG reveló una onda S en derivación D1 y una ond Q y ondas T negativas en D3. Los resultados de laboratorio se muestran en la Tabla 1.



Se tomó una decisión de manejo


Manejo del embolismo pulmonar:

Dr. T. Bernard Kinane: Puedo ver los estudios radiológicos de la paciente?
Dr. Katherine Nimkin: La Rx de tórax obtenida en otro hospital revela una opacidad vaga en el ángulo costo-frénico izquierdo. El resto de los pulmones se ven claros. El tamaño cardíaco es normal y no se ve derrame pleural. Las imágenes de la angio-TAC de tórax llevada a cabo antes de que el paciente sea derivado a este hospital, muestra grandes trombos en las ramas derecha e izquierdas de la arteria pulmonar (Figura 1A y 1B), con extensión de los trombos a las arterias pulmonares segmentarias bilateralmente (Figura 1C). La TAC con ventana pulmonar del mismo estudio muestra múltiples opacidades periféricas en forma de cuña en ambos pulmones y pequeños derrames pleurales bilaterales. Una reconstrucción coronal revella, otra vez, opacidades periféricas, consistentes con infartos pulmonares. (Figura 1D).

Dr. Kinane: La primer pregunta que necesitamos contestarnos en el manejo inmediato de la enfermedad de esta joven paciente con grandes embolias pulmonares, es si debe recibir terapia trombolítica, o un filtro en la vena cava inferior, además del tratamiento con anticoagulación standard. Un segundo punto, es la presencia de síndrome nefrótico, y si este, puede afectar nuestras decisiones terapéuticas. Finalmente, como debe ser manejada su enfermedad renal?
Yo discutiré el uso de trombolisis; El Dr Grabowski discutirá la trombolisis y el tratamiento de anticoagulación, y el Dr Sharma discutirá el manejo de la enfremedad renal.

El embolismo pulmonar es raro en niños menores de 15 años de edad, (1,2) con una incidencia anual estimada de 0,2 casos por 100.000 niños, comparada con alrededor de 700 casos por 100.000 pacientes de 85 años de edad o mayores. (2,3) Por lo tanto, los datos para el manejo de niños son limitados. Un número de pequeños estudios concluyen que el riesgo de muerte en niños y adultos jóvenes puede ser tan alto como 18%, pero no es tan alto como en los pacientes mayores. (3,4,5)

Terapia trombolítica para el embolismo pulmonar:


La heparina es el tratamiento standard para grandes embolismos pulmonares. La pregunta más importante, es, si la terapia trombolítica agrega beneficios para el paciente. Esta paciente tenía una presión elevada en la arteria pulmonar, que sugirió que había tenido una gran embolia. La disfunción ventricular derecha es el evento crítico en determinar el pronóstico la evolución en casos como este. (4) La tasa de mortalidad es menos de 1% cuando no hay deterioro de la función ventricular derecha, pero puede ser tan alta como 24% en pacientes con disfunción ventricular derecha. (5,6,7) Si esta condición se acompaña de hipotensión arterial sistémica, hay una tasa de mortalidad asociada de 15%, comparada con una tasa de mortalidad de 8% cuando la hipotensión está ausente. (4)

Esta paciente tuvo una disfunción ventricular derecha sustancial, como está demostrado por la elevación de la presión venosa yugular, latido ventricular derecho, niveles muy elevados de péptido natriurético cerebral, y los hallazgos ecocardiográficos de moderada dilatación ventricular derecha, hipertensión pulmonar (60 mmHg), y aplanamiento con movimiento paradojal del septum. Sin embargo, ella no tenía hipotensión arterial, por lo que yo creo que en el momento de presentación, el riesgo estimado de muerte era de 8%.
Puede, la evolución del cuadro de esta paciente ser afectado por el uso de trombolíticos? La mayoría de los estudios indican que los trombolíticos no afectan el riesgo de muerte, (8) pero pueden mejorar la función ventricular derecha en los primeros 3 días de tratamiento. (9) Este beneficio necesita ser cuidadosamente contrapesado contra un 3% de riesgo de hemorragia clínicamente significativa. Aunque tales riesgos son principalmente vistos en pacientes mayores, hay un número de reportes de hemorragias serias en niños.(4) Así, yo concluí en que los beneficios de una terapia trombolítica podría ser marginal, considerando el pequeño riesgo de hemorragia severa.
En suma, sugeriría una terapia de soporte, usando anticoagulación con heparina, en lugar de terapia trombolítica para esta paciente.

Dr. Nancy Lee Harris (Patología): Dr. Harris, podría darnos su impresión de cuando la paciente entró a la unidad de cuidados intensivos, y como se manejó la situación inicialmente?

Dr. Scott Harris (Terapista): Dado que ni el riesgo de muerte ni la resolución del coágulo se ven afectados poe la trombolisis, yo sólo uso trombolíticos cuando el paciente está en shock. Al momento de ser admitida a la unidad de cuidados intensivos, esta paciente tenía la presión arterial normal, pero tenía taquicardia, con evidencias de sobrecarga de presión del corazón derecho en el ecocardiograma, y también demostrado por un elevado nivel sérico del fragmento N-terminal del péptido natriurético tipo B. Además, el nivel de troponina estaba elevado, y la posibilidad de un coágulo en la vena cava inferior era elevado, de acuerdo a los hallazgos del ecocardiograma. Dado que la administración de más sustancia de contraste podría haber resultado en un fallo renal, nuestras opciones para un diagnóstico rápido de la presencia de un trombo en la vena cava inferior estaban limitados. Yo estaba preocupado por la posibilidad de una nueva embolia pulmonar agregada, que, dado la sobrecarga de presión del corazón derecho pudiera ser fatal. Yo consideré los beneficios de la rápida disolución de los trombos usando trombolíticos y lo contrapesé contra el riesgo de sangrado. De haber estado seguro de que no había más coágulos en la vena cava inferior, yo hubiera optado por anticoagulación sola.
Cinco horas después de la internación, la administración de heparina intravenosa fue discontinuada y se llevó a cabo trombolisis con 100 mg de activador tisular del plasminógeno (tPA) en el curso de 2 horas. Afortunadamente, la paciente no tuvo complicaciones hemorrágicas. La anticoagulación con heparina no fraccionada a un ritmo de 1100 U por hora fue recomenzada. En las siguientes 24 horas, la frecuencia cardíaca permaneció entre 135 y 150 latidos por minuto, la presión arterial sistólica era de 130 a 150 mm Hg, y requerió 3 litros de oxígeno administrados por cánula nasal para mantener una saturación de oxígeno de entre 97% y 100%.

Dr. Kinane: Puedo ver el seguimiento ecocardiográfico, y los estudios radiológicos?

Dr. Mary Etta King: Seis horas y media después de la trombolisis, se obtuvo un nuevo ecocardiograma. Los hallazgos son similares a los reportados por el ecocardiograma realizado antes en otra institución. Una vista de un eje largo paraesternal del corazón izquierdo muestra engrosamiento de la pared libre ventricular izquierda y un pequeño derrame pericárdico posterior. Un corte del ventrículo derecho muestra el septum interventricular completamente aplanado en sístole indicando sobrecarga de presión del ventrículo derecho (Figura 2A). Una visión apical en cuatro cámaras (12) muestra el clásico hallazgo de sobrecarga de presión del corazón derecho (signo de McConnell) que ha sido descripto en pacientes con embolia pulmonar aguda, y que consiste en una contractilidad diferente en distintos sectores, expresada por una pobre contractilidad de la base y la parte media del ventrículo derecho contrastando con una movilidad normal del apex ventricular derecho.
Las imágenes subcostales revelan pobre contractilidad del ventrículo derecho con un engrosamiento de la pared libre del ventrículo derecho, sugiriendo que la sobrecarga aguda de presión del corazón derecho puede haberse injertado en un proceso más subagudo o crónico que condujo a hipertrofia ventricular derecha.

Dr. Nimkin: La TAC de tórax y abdomen con la administración de contraste oral e intravenoso fue llevada a cabo el segundo día de internación. No se vieron trombos en pelvis ni en miembros inferiores. Se obtuvieron nefrogramas estriados bilateralmente, hallazgo asociado a trombosis de las venas renales; se vieron trombos intraluminales en ambas venas renales. Las imágenes del corazón, en el mismo estudio demostraron una relación de más de 1.0 cuando se comparó el diámetro del ventrículo derecho con el del ventrículo izquierdo, un hallazgo asociado con una disfunción ventricular derecha significativa en el contexto de tromboembolismo pulmonar. (13) El seguimiento con Rx de tórax llevado a cabo 2 días más tarde mostró progresión de las opacidades bibasales y derrame pleural moderado bilateral.
Las imágenes de venografía por RMN obtenidas en el 4º día de hospital y las vistas axiales de una angiografía bidimensional llevada a cabo sin material de contraste mostraron la permeabilidad de las venas pélvicas y de la porción inferior de la vena cava; la pobre visualización de la vena renal izquierda es probablemente debida a trombo. (Figura 3)


Dr. Kinane: Nosotros no consideramos la colocación de un filtro en la vena cava inferior en esta paciente ya que no había evidencias de coágulos en la vena cava inferior.

Trombolisis y anticoagulación en el embolismo pulmonar
Dr. Eric F. Grabowski: El approach para trombolisis para el embolismo pulmonar masivo es una alta dosis de activador tisular del plasminógeno (tPA) 100 mg administrados en el término de 2 horas. (8,9,10,11)
Aunque yo sostuve el uso de en tPA este caso, el uso de altas dosis de este agente se asocia a un riesgo mayor de 1 a 3% de hemorragia intracraneal. Hay pocos reportes de uso efectivo de bajas dosis de tPA en pacientes pediátricos con trombosis venosa profunda (0,03 mg/kg de peso por hora durante 2 o 3 días), junto con bajas dosis de heparina no fraccionada, (14,15,16,17,18,19,20) sin eventos hemorrágicos mayores. (19) Uno se asombra si, en el contexto de un ensayo clínico, este approach a bajas dosis pueda ser efectivo, a la vez que seguro en niños con embolismo pulmonar que tienen disfunción ventricular derecha pero que no están en shock. Esos datos no deben ser considerados como directivas clínicas; sin embargo, nosotros esperamos ensayos en gran escala que puedan clarificar el potencial clínico de este approach.

Factores de riesgo para embolismo pulmonar.


En esta paciente, fue importante buscar factores de riesgo congénitos y adquiridos para embolismo pulmonar para determinar el riesgo de recurrencia y la necesaria duración de la terapia con anticoagulación, e identificar y tratar las condiciones potencialmente reversibles. La paciente tiene un síndrome nefrótico, que induce un estado hipercoagulable. (21) En el síndrome nefrótico, los eventos tromboembólicos son menos frecuentes en niños que en adultos, habiendo ocurrido en 5% de los niños y en 44% de los adultos en un estudio. (21) Los mecanismos de la hipercoagulabilidad en el síndrome nefrótico (21) incluyen bajos niveles de proteína S, debido a clearence disminuído de proteína unida a C4, que se une a la proteína S, y a un clearence renal aumentado de la protína S libre; aumento de los niveles de factores V, VII, VIII, factor de von Willebrand, y fibrinógeno; una lipoproteina Lp(a) aumentada. Un aumento de la producción de lipoproteína Lp(a) por el hígado es acompañada por la pérdida de otras proteínas producidas por el hígado.

Nuestra paciente tenía niveles elevados de lipoproteína Lp(a) (Tabla 1). Los pacientes con síndrome nefrótico tienen los niveles más altos descriptos de Lp(a) (22) y esos niveles elevados le confieren un riesgo de tromboembolismo venoso que es tres veces mayor que el normal. (23)La lipoproteína Lp(a) compite con el plasminógeno por los sitios de unión endotelial de este, se une e inhibe la vía del inhibidor del factor tisular, y transporta colesterol a la pared de los vasos. Los niveles promedio son mayores en negros que en blancos, este es un punto relevante ya que nuestra paciente es negra.
Esta paciente tiene otros factores de riesgo para embolismo pulmonar, incluyendo edema en miembros inferiores debidos a hipoalbuminemia asociada a síndrome nefrótico, inmovilidad prolongada debido al dolor lumbar y abdominal que presentó, lo cual puede resultar en estasis venosa secundaria, a lo que se agrega el uso de anticonceptivos. Otros factores de riesgo (Tabla 1) incluyendo niveles levemente bajos de antitrombina III (AT-III), probablemente debido a la administración de heparina, y al aumento del clearence renal de la antitrombina III,y a un elevado nivel de IgM anticardiolipina, que volvió a lo normal días después del primer testeo. Un test para anticoagulante lúpico fue negativo. Los resultados de los tests funcionales para proteína C y S fueron normales, y un test para resistencia a la proteína C activada fue negativo, indicando que la mutación del factor V de Leyden no era la causa del cuadro clínico de esta paciente. La historia familiar era negativa para stroke, infarto agudo de miocardio, trombosis venosa profunda, embolismo pulmonar en menores de 55 años, ni tampoco tenía parientes en primer grado que hubiesen presentado abortos espontáneos.

Anticoagulación en el síndrome nefrótico


La hipoalbuminemia en esta paciente tiene la potencialidad de hacer que la ventana terapéutica de la heparina no-fraccionada sea inexistente, ya que la heparina se une normalmente en 80% a 90% a las proteínas. Por lo tanto, en este caso, yo consideraría usar argatroban, un inhibidor directo de la trombina, el cual se une solo 55% a las proteínas pasmáticas y tiene un metabolismo hepático en vez de renal. Después de 48 hs de la infusión de heparina, se consiguió un tiempo parcial de tromboplastina de 60 a 84 segundos. El tratamiento de la paciente fue cambiado a warfarina con un RIN de 2 a 3.
La siguiente pregunta es, por cuanto tiempo debemos continuar con tratamiento anticoagulante en esta paciente? Esta decisión está influida por la presencia y el tipo de los factores de riesgo. El riesgo de tromboembolismo recurrente después de un embolismo pulmonar resultante de un evento precipitante, tal como el uso de anticonceptivos y síndrome nefrótico (como en este caso), es menor que el de un paciente sin riesgo aparente o con un factor de riesgo fijo, tal como un estado hipercoagulable congénito. (24,25) Aunque carecemos de datos de tratamiento en adolescentes, yo recomendé continuar con warfarina a un RIN de 2 a 3 por 1 año desde el diagnóstico de embolismo pulmonar, y después 6 a 12 meses con un RIN de 1,5 a 2, con un plan de suspender la anticoagulación si los niveles de lipoproteína Lp(a) puede ser corregido y el síndrome nefrótico controlado.

Dr. Charles A. Hales (Neumonología): Yo sospecho que la trombolisis en esta paciente estaba justificada, no tanto como una medida para salvar su vida, sino mas bien como tratamiento a largo plazo de su hipertensión pulmonar tromboembólica. La terapia con bajas dosis de activador tisular del plasminógeno debe solo ser usado en el contexto de un ensayo clínico.

Dr. Nancy Lee Harris: Dr. Fracchia, puede usted decirnos como fue el curso de la internación de esta paciente?

Dr. Fracchia: La taquicardia de 120 a 150 latidos por minuto persistieron por 4 días después de la trombolisis. Se comenzó tratamiento con warfarina. El 5º día después de la trombolisis, la taquicardia se resolvió, y la saturación de oxígeno era de 99% mientras la paciente respiraba aire ambiente. La heparina fue discontinuada y fue dada de alta el 9º día, tomando warfarina (6 mg/día), prednisona (30 mg/día), enalapril (10 mg dos veces por día), furosemida (20 mg/día), sulfato ferroso (325 mg/día), y ranitidina (150 mg/día)

Dr. Nancy Lee Harris: Después del alta, como parte de la evaluación por el departamento de nefrología de este hospital, se llevó a cabo una revisión de la biopsia renal en este hospital.

Diagnóstico clínico:

Embolismo pulmonar en el contexto de síndrome nefrótico.

Discusión patológica:

Dr. Lynn D. Cornell: Una muestra de la biopsia renal obtenida en otro hospital fue revisada en este hospital, 6 días después del alta de la paciente. La misma contenía 8 glomérulos, ninguno de los cuales estaba globalmente esclerótico. Había pocas áreas de hipercelularidad mesangial (Figura 4A). Las membranas basales glomerulares parecían tener un espesor normal, excepto por ocasionales asas capilares que mostraban leve engrosamiento. Se vieron depósitos en las membranas basales glomerulares y en el mesangio con una tinción con tricrómico. No había semilunas, hipercelularidad endocapilar, restos cariorrécticos, o depósitos en asa de alambre en los glomérulos. No había evidencias de trombosis, vasculitis, inflamación intersticial, o fibrosis. Las células epiteliales tubulares contenían gotas de reabsorción, indicativas de proteinuria. La microscopía con inmunofluorescencia (Figura 4B) reveló depósitos brillantes en la membrana basal glomerular y en el mesangio, de IgG, y C3, y tenues depósitos de IgM e IgA. La tinción para C1q fue negativa. La microscopía electrónica mostró (Figuras 4C y 4D) , numerosos depósitos subepiteliales electrón-densos, acompañados por fusión de los pies de los podocitos con hipertrofia vellosa de los podocitos. Además, había ocasionales depósitos subendoteliales, algunos de apariencia linear, a lo largo de las membranas basales, y muchos depósitos electrón-densos. Estos hallazgos son diagnósticos de glomerulonefritis membranosa.

La glomerulonefritis membranosa es un diagnóstico patológico caracterizado por depósitos inmunes subepiteliales en la membrana basal glomerular. Esta puede ser una enfermedad primaria (idiopática), o puede ser secundaria a un número de condiciones: drogas, cáncer, infección, o enfermedades autoinmunes, más comunmente lupus eritematoso sistémico, en el que se clasifica como nefropatía lúpica clase V. Hay varios hallazgos en este caso, que sugieren que esta glomerulonefritis membranosa es secundaria a lupus eritematoso sistémico, incluyendo los depósitos mesangiales, los depósitos subendoteliales y los depósitos de IgA revelados por la inmunofluorescencia. (Tabla 2) Además, aunque los tests para FAN fueron negativos en la presentación inicial de la enfermedad renal, ella tuvo un resultado de FAN positivos en su internación. Aunque no todos los hallazgos de glomerulonefritis lúpica estaban presentes en esta biopsia, la mayoría de los casos no muestran todos los hallazgos.
La enfermedad renal de cualquier clase de nefritis lúpica puede preceder al diagnóstico de lupus eritematoso sistémico, en algunos meses o aún años. En particular, en pacientes con clase V (membranosa) de nefropatía lúpica, es probable que la enfermedad se presente con afectación exclusivamente renal. (15)

En resumen, la biopsia de esta paciente reveló hallazgos de glomerulonefritis membranosa secundaria. Si es secundaria a lupus, solo el tiempo lo dirá.


Manejo de la glomerulonefritis membranosa

Dr. Amita Sharma: En esta paciente, la distinción entre una glomerulonefritis membranosa idiopática y una secundaria es difícil de realizar. La glomerulonefritis membranosa lúpica se caracteriza predominantemente por síndrome nefrótico, como se vió en este caso, así como hipertensión variable; la hipocomplementemia, el fallo renal, y los anticuerpos anti DNA de doble cadena pueden estar ausentes, como lo estaban en esta paciente. Como los criterios necesarios para el diagnóstico definitivo de lupus no estuvieron presentes durante la internación, debimos considerar a la enfermedad como idiopática.
La glomerulonefritis membranosa idiopática es una causa infrecuente de síndrome nefrótico en niños, y el curso, y el tratamiento más apropiado, no está definido. (16) Ya que un tercio de los niños con esta enfermedad pueden tener remisiones espontáneas, (28) los beneficios de una terapia temprana deben ser contrapesados con los efectos colaterales del tratamiento en una paciente joven. El objetivo de la terapia es disminuir el tiempo de la fase nefrótica, disminuyendo así el riesgo de enfermedad tromboembólica, y de enfermedad vascular aterosclerótica prematura, y finalmente preservar lo mejor posible la función renal. (29) Nosotros utilizamos la cuantificación de la proteinuria, la función renal en la presentación, y los cambios que van ocurriendo en estas variables en los 6 meses iniciales para evaluar el éxito del tratamiento. (30)
El tratamiento de primera línea está dirigido a mejorar la proteinuria y tratar la hiperlipidemia, la hipertensión, y otros problemas asociados. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), los antagonistas del receptor de angiotensina, protegen al riñón, posiblemente por reducir la proteinuria y prevenir la cicatrización intersticial por el tráfico tubular de proteínas, (31) y los agentes reductores de lípidos, tal como las estatinas reducen el riesgo de complicaciones trombóticas y enfermedad vascular aterosclerótica. Esta paciente fue incapaz de tolerar las estatina, y a pesar del tratamiento con enalapril, y un inhibidor del receptor de angiotensina, la excreción de proteínas urinarias continuó siendo de 10 gr/día y hubo complicaciones tromboembólicas.

Si la proteinuria persiste a pesar del tratamiento mencionado, o agrega insuficiencia renal, o ambas cosas, como pasó en este caso se agregan inmunosupresores. (32,33,34) La monoterapia standard con corticosteroides es a menudo inefectiva. (35) En este hospital iniciamos tratamiento con corticosteroides y después del alta agregamos losartan, un bloqueador del receptor de angiotensina; sin embargo, el nivel de proteínas urinarias continuó siendo de 8 gr/día . El micofenolato mofetil ha sido usado tanto en glomerulonefritis membranosa idiopática y en la secundaria a lupus, (32,35) y fue agregado a la medicación de la paciente 3 meses después del alta.
El nivel de albúmina sérica volvió a lo normal y la excreción de proteínas urinarias disminuyó a menos de 1 gr/día a los 6 meses del alta. Ocho meses después del alta, desarrolló condilomas acuminados genitales, y allí nos enteramos de que varios años antes se había hecho diagnóstico de infección por paiplomavirus humano. La dosis de micofenolato mofetil fue reducido con lo que los condilomas se resolvieron, y la función renal permaneció normal. La dosis de micofenolato se siguió bajando hasta suspenderla aproximadamente 15 meses después del alta; la prednisona fue suspendida aproximadamente 20 meses después del alta.

El nivel de complemento continúa siendo normal; ella continúa con un FAN positivo en títulos de 1/160 con un patrón moteado, y un test negativo para anti DNA de doble cadena; no hay evidencias clínicas de lupus eritematoso sistémico, y la excreción urinaria de proteínas es de 0,2 g/día.

Dr. Nancy Lee Harris: Cuando cree que ocurrió el embolismo pulmonar, y, debe esta condición haber influenciado la decisión de someterla a trombolisis?

Dr. Kinane: Yo sospecho que ella había tenido una embolia pulmonar durante 6 semanas.
Si la paciente hubiese seguido presentando eventos embólicos a pesar de la anticoagulación, nosotros hubiésemos considerado la colocación de un filtro en la vena cava inferior. Yo vi a esta paciente por última vez, 18 meses después del alta, ella estaba bien y físicamente activa, y en buen estado atlético. Los tests de función pulmonar estaban normales.

Dr. Nancy Lee Harris:Como continuó la paciente con los anticoagulantes?

Dr. Grabowski: Nosotros discontinuamos la warfarina después de 14 meses, ya que el síndrome nefrótico estaba bien controlado, su Lp(a) normalizada (23) y no había tromboembolismo recurrente.

Diagnóstico anatómico:

Glomerulonefritis membranosa con síndrome nefrótico y embolia pulmonar.

Traducción de
A 17-Year-Old Girl with Chest Pain and Hemoptysis
Case records of the Massachusetts General Hospital
Febrero 28/2008
Fuente
From the Departments of Pediatrics (T.B.K., E.F.G., A.S., M.E.K.), Radiology (K.N.), and Pathology (L.D.C.), Massachusetts General Hospital; and the Departments of Pediatrics (T.B.K., E.F.G., A.S., M.E.K.), Radiology (K.N.), and Pathology (L.D.C.), Harvard Medical School.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Mujer de 31 años con tos, disnea e intersticiopatía. Linfangitis carcinomatosa.

Mujer de 31 años con tos, disnea e intersticiopatía. Linfangitis carcinomatosa.


Una mujer de 31 años se presentó a la consulta con su médico de cabecera con tos no productiva y dificultad respiratoria, que había experimentado en forma intermitente desde hacía 1 mes. Ella no había tenido fiebre, escalofrios ni sudoración nocturna. Tenía diabetes tipo 1 e hipertensión arterial. La paciente tenía también antecedentes de abortos a repetición, y cursaba el primer mes del puerperio. Tenía antecedentes de tabaquismo (10 pack-year). Su padre y el abuelo materno habían tenido cáncer de colon. Su padre había fallecido a los 45 años de dicha patología.
Se le realizó diagnóstico de EPOC reagudizado, que fue tratado con un curso corto de corticosteroides y antibióticos de amplio espectro. Su condición no mejoró.
Dos meses más tarde, la paciente se presentó al departamento de emergencias con disnea. Una Rx de tórax mostró enfermedad pulmonar intersticial, engrosamiento de la región paratraqueal derecha y prominencia hiliar. Una TAC de tórax reveló linfadenopatías para-aórticas, subcarinales y paratraqueales. También mostró consolidación difusa con un patrón nodular en ambos campos pulmonares, particularmente en los lóbulos superiores y lóbulo inferior izquierdo.
Se le diagnosticó sarcoidosis, y se comenzó tratamiento con corticoides. Sus síntomas mejoraron, pero menos de una semana más tarde, volvió a empeorar. Se comenzó oxigenoterapia domiciliaria.
Un especialista en vías respiratorias vió a la paciente 6 meses después del comienzo de sus síntomas. Ella todavía tenía disnea de esfuerzo y tos no productiva sin hemoptisis. Había perdido 9 kg de peso en los últimos 5 meses. Tenía taquipnea y taquicardia, y estaba normotensa y afebril. No tenía ganglios aumentados de tamaño, ni cambios en la piel ni edema periférico.
El examen del abdomen de la paciente y los ruidos cardíacos eran normales. Se escuchaban roncus y rales en la base de ambos pulmones. Una Rx de tórax mostró engrosamiento intersticial y septal diduso en ambos pulmones. (Figura 1). Una TAC de tórax mostró grandes áreas nodulares, opacidades en vidrio esmerilado y engrosamiento de los septos interlobulares con enfermedad pulmonar intersticial. (Figura 2)







Figura 1:
Rx de tórax mostrando intersticiopatía y engrosamiento septal (flecha) en ambos pulmones.












Figura 2: TAC mostrando engrosamiento nodular de los septos interlobulares (flecha blanca) vista como arcadas poligonales con engrosamiento y prolongaciones nodulares, y opacidades en vidrio esmerilado (flechas negras)




Cuál es el diagnóstico?
El resultado de la biopsia transbronquial mostró un adenocarcinoma de moderada a pobremente diferenciado.Los estudios inmunohistoquímicos de la biopsia mostraron un patrón de tinción consistente con adenocarcinoma metastásico sugestivo de origen primario en colon. La colonoscopía mostró una masa en el colon sigmoide proximal, y la biopsia confirmó un adenocarcinoma moderadamente diferenciado. Un scan óseo mostró múltiples metástasis en costillas y columna.
La paciente fue admitida al hospital para quimioterapia (FOLFOX4, régimen de oxaliplatino, leucovorina, y 5 fluorouracilo). Ella fue transferida el día siguiente a la unidad de cuidados intensivos debido a empeoramiento del distress respiratorio, necesitando asistencia respiratoria mecánica. Se continuó la quimioterapia; sin embargo la paciente falleció 11 días después de insuficiencia respiratoria.

La linfangitis carcinomatosa ocurre en 6% a 8% de los pacientes con metástasis pulmonares (1) La diseminación de las células tumorales al sistema pulmonar linfático o al tejido intersticial adyacente, produce un engrosamiento de las ramas broncovasculares y los septos. La reacción desmoplásica debida a la proliferación de células neoplásicas, y a la dilatación linfática por edema o secreciones tumorales produce un engrosamiento intersticial. La diseminación de la neoplasia fuera de los linfáticos o del intersticio puede invadir el parénquima adyacente y expresarse por un patrón nodular. (2) Aunque virtualmente cualquier neoplasia metastásica puede causar carcinomatosis linfangítica, la localización común del tumor primario es mama, estómago, páncreas, y próstata. (1,3) (Tabla 1)






Tabla 1








Los pacientes con carcinomatosis linfangítica a menudo se presentan con dificultad respiratoria y tos no productiva.Como con nuestra paciente, el inicio de los síntomas pulmonares puede preceder al diagnóstico del tumor primario; sin embargo, la frecuencia de esta preentación es desconocida. Aunque la Rx de tórax parece normal en 30% a 50% de los pacientes con enfermedad histológicamente probada, (2) la carcinomatosis linfangítica tiene varios hallazgos característicos que pueden ser observados en las Rx (Box 1).












Box 1




La biopsia transbronquial es requerida para el diagnóstico definitivo.
La carcinomatosis linfangítica puede mimetizar radiológicamente a la sarcoidosis. El engrosamiento nodular y el patrón en vidrio esmerilado se ven en 30% a 60% de los pacientes con sarcoidosis. Los nódulos en la sarcoidosis principalmente comprometen la región central del lóbulo medio y lóbulos superiores de los pulmones. En contraste, los cambios usualmente ocurren en los lóbulos inferiores en la carcinomatosis linfangítica. Aunque los estudios de imágenes pueden sugerir sarcoidosis, el diagnóstico debe ser confirmado por biopsia donde se observan granulomas no caseosos, y descartando otras causas de enfermedades granulomatosas. El inicio rápido, y la progresión de los síntomas, ganglios linfáticos asimétricamente agrandados, enfermedad predominante en miembros inferiores del pulmón y la ausencia de respuesta a los corticoides dentro de 2 a 4 semanas, debe alertar a los clínicos a otro diagnóstico diferente de sarcoidosis. El engrosamiento de los septos interlobulares y del intersticio peribroncovascular sin un patrón nodular puede ser vista en otras condiciones, tales como el edema de pulmón, y la fibrosis pulmonar idiopática. (2)
Aunque el diagnóstico no se hizo precozmente, un diagnóstico más temprano no hubiera alterado el pronóstico.
Menos de la mitad de los pacientes con carcinomatosis linfangítica pulmonar quienes se presentan con síntomas respiratorios sobreviven 3 meses. (1) Sin embargo, la quimioterapia basada en platino ha logrado remisiones parciales en algunos casos. (4)

Aunque la paciente no se sometió a testeo genético, su joven edad de presentación y su fuerte historia familiar de cáncer de colon condujo al diagnóstico de cáncer colorectal no-polipoideo hereditario. (5) Este se caracteriza por un comienzo a edad temprana, con un promedio de edad alrededor de 45 años, y a la presencia de tumores del lado derecho del colon. Los pacientes con esta condición tienen riesgo aumentado de tener más de un tumor colorectal primario al momento del diagnóstico (neoplasia sincrónica), y de tener otro tumor primario después de un tratamiento exitoso del primer tumor (neoplasia metacrónica). Los pacientes con esta condición, tienen más probabilidad que otros de la misma edad y sexo de padecer otros tumores de endometrio, intestino delgado, estómago, pelvis renal, uréter, y ovarios. Las lesiones de piel, incluyendo carcinomas y lesiones no malignas tales como adenomas sebáceos y queratoacantomas, son más comunes entre estos pacientes. (6)
Nuestra paciente tenía hallazgos inusuales de carcinomatosis linfangítica pulmonar, incluyendo compromiso de colon sigmoide, y metástasis pulmonares, y columna sin compromiso hepático. Esta presentación es vista en solo alrededor del 9% de los cánceres rectales. (7) Si se sospecha cáncer no-polipoideo colorectal, una biopsia del tumor, y un testeo genético debe ser llevado a cabo para identificar mutaciones. Los pacientes que tienen la mutación, deben realizarse colonoscopía cada 2 años comenzando a los 20-25 años. (6)

lunes, 5 de noviembre de 2018

Enfermedades pulmonares de origen ocupacional

Enferemedaes pulmonares de origen ocupacional

Lesiones pulmonares inducidas por farmacos

Lesiones pulmonares inducidas por fármacos
M. Haro Estarriola, M. Rubio Godaya, L. Bernado Turmob
a Secci??n de Neumolog??a. Servicio de Anatom??a Patol??gica. Hospital Universitario de Girona Doctor Josep Trueta. Girona.
b Servicio de Anatom??a Patol??gica. Hospital Universitario de Girona Doctor Josep Trueta. Girona.
La reacción o toxicidad pulmonar por fármacos es siempre un aspecto que se debe considerar ante un paciente con patología respiratoria. Aunque sus características o formas de presentación están bastante establecidas, su epidemiología o incidencia real es menos conocida por el carácter idiosincrásico o esporádico de muchas de sus reacciones, la ausencia de la comunicación de muchas de ellas, el uso simultáneo de muchos de estos medicamentos y la posibilidad de nuevos problemas al suprimir el fármaco. Además, no existe un consenso general de los criterios que determinan que la presencia de determinados signos o síntomas sean producidos por un fármaco, los factores predisponentes son múltiples y no todos conocidos, y la presentación o consecuencias son muy variables con el mismo medicamento en distintos pacientes. La incidencia estimada de toxicidad pulmonar es del 0,001-0,26% de los tratados con nitrofurantoína, del 6-8% con amiodarona, del 10% con bleomicina y del 30-40% con una sobredosis aguda de heroína intravenosa.
No existen signos, síntomas, estudios de laboratorio o hallazgos patológicos definitivos patognomónicos y es fácil que puedan confundirse o superponerse a las enfermedades en que se han utilizado. En la mayoría de los casos, su diagnóstico se sustenta en la exclusión

de otras entidades como las neoplasias, infecciones, tromboembolismo pulmonar, insuficiencia cardíaca o el amplio grupo de las enfermedades intersticiales. No obstante, aunque no existen guías con estudios controlados o pautas de tratamiento específicas en todos los casos, la retirada del fármaco potencialmente responsable, asociada, o no a corticoides en función del deterioro funcional o gasométrico del paciente, suele ser suficiente para su control.
Para conocer mejor esta entidad es importante diferenciar qué pacientes o factores predisponentes facilitan su desarrollo, los mecanismos fisiopatológicos, las formas clínicas de presentación, los principales procedimientos diagnósticos y su tratamiento.
Factores predisponentes
Los principales factores que facilitan o se han relacionado con el desarrollo de lesiones pulmonares producidas por fármacos quedan reflejados en la tabla 1. Su valoración es importante al permitir la selección de aquellos pacientes con más probabilidades de sufrirla, especialmente desde el punto de vista diagnóstico y terapéutico.

Edad. La edad avanzada ha sido un factor que se ha relacionado con la toxicidad pulmonar de los pacientes tratados con fármacos citotóxicos.
Idiosincrasia del paciente. Aunque es difícil de determinar, existen determinados pacientes con predisposición a sufrir una reacción o toxicidad a fármacos.
Dosis del fármaco. La afección pulmonar puede relacionarse con las dosis utilizadas o acumuladas de un determinado fármaco. En medicamentos como la bleomicina, el busulfán o la amiodarona se relaciona con las dosis utilizadas, mientras que en otros fármacos como la metadona, la heroína, el propoxifeno, la colchicina o el ácido acetilsalicílico sólo aparece toxicidad pulmonar en caso de sobredosis.
Tipo de fármaco. Aunque cualquier fármaco es capaz de provocar toxicidad pulmonar, existen más de 100 en los que es más conocida y fácil de sospechar (tabla 2).
Tratamientos concomitantes. La quimioterapia o radioterapia pueden producir efectos sinérgicos en la utilización de otros fármacos y asociarse a toxicidad pulmonar, especialmente con los fármacos citotóxicos.
Oxigenoterapia. La administración de oxígeno a dosis elevadas durante tiempo prolongado puede producir lesiones pulmonares por sí sola. Además, puede observarse un efecto sinérgico con fármacos como la bleomicina, la mitomicina y la ciclofosfamida.
Transfusión de componentes sanguíneos. El tratamiento simultáneo con la mitomicina y la transfusión de hematíes puede precipitar una anemia hemolítica microangiopática con edema pulmonar e insuficiencia renal. La transfusión de leucocitos y el tratamiento con la anfotericina puede favorecer la aparición de edema pulmonar.
Insuficiencia renal. La presencia de un aclaramiento renal prolongado puede favorecer la lesión pulmonar de algunos fármacos como la bleomicina.
Enfermedad pulmonar previa. La presencia de enfermedad pulmonar previa con una reserva funcional limitada permite que las manifestaciones se presenten de forma temprana y es probable que aumente la incidencia de toxicidad pulmonar sobre un pulmón que no es normal, constituyendo un factor de riesgo en los pacientes tratados con la amiodarona o la carmustina.
Mecanismos fisiopatológicos
Aunque los mecanismos fisiopatológicos implicados en la enfermedad pulmonar asociada a fármacos son múltiples y en muchas ocasiones combinados o simultáneos en un mismo paciente, la tabla 3 refleja los más frecuentes.

Formación de radicales oxidantes. Algunos fármacos son capaces de provocar la liberación de moléculas oxidantes que se forman en el interior de los macrófagos o los neutrófilos e interfieren en el metabolismo celular contribuyendo a su muerte por citotoxicidad directa.
Fosfolipoidosis. Los fármacos con moléculas anfibólicas son capaces de producir el acúmulo de fosfolípidos en el citoplasma de las células, sobre todo los macrófagos alveolares, alterando sus funciones. Este tipo de lesiones son dependientes de la dosis, no fibrosantes y reversibles en la mayoría de los casos al suspender el medicamento y liberarse de forma progresiva.
Alteraciones del colágeno y los sistemas de reparación. Incluye a aquellos fármacos capaces de producir un incremento de la síntesis de colágeno, alterar su solubilidad y modificar su proceso de degradación.
Bronquiolitis obliterante. La bronquiolitis obliterante es una inflamación de los bronquiolos terminales con capacidad de obstruirlos en su totalidad respetando los alvéolos.
Reacciones de hipersensibilidad o inmunológicas. El reconocimiento como sustancias extrañas de fármacos como la bleomicina o el metrotexato pueden desencadenar reacciones de hipersensibilidad similares a una alveolitis alérgica extrínseca. Estas sustancias pueden activar los linfocitos pulmonares, el sistema del complemento, lisar células como los neutrófilos o provocar reacciones inmunes muy complejas que pueden dar lugar a la aparición de granulomas o un síndrome lúpico.
Alteraciones de la permeabilidad capilar o edema pulmonar. En algunos casos y aunque el conocimiento del mecanismo no es definitivo, algunos medicamentos pueden actuar directamente sobre las estructuras alveolares o indirectamente sobre el sistema nervioso central, produciendo un edema con elevación de proteínas e incrementando la permeabilidad capilar.
Enfermedad vascular. Algunos fármacos, como los anticonceptivos orales, pueden incrementar el riesgo de tromboembolismo pulmonar o de lesiones isquémicas por sus interferencias en los mecanismos de coagulación (aumento de los factores procoagulantes o reducción de las antitrombinas). Algunas sustancias han sido relacionadas con la presencia de hipertensión pulmonar, vasculitis o enfermedad venooclusiva.
Hipoventilación alveolar. La utilización de narcóticos o sedantes, especialmente en los pacientes de mayor edad, puede asociarse a una depresión respiratoria e hipoventilación potencialmente grave si ya existía una insuficiencia respiratoria o una reserva respiratoria previa limitada.
Broncospasmo. La liberación de mediadores como la histamina por los mastocitos producida por fármacos puede provocar la aparición de cuadros de broncospasmo o similares al asma. Otros fármacos como la penicilina pueden actuar por un mecanismo mediado por la inmunoglobulina E, en los corticoides podría ser mediada por las plaquetas, en el ácido acetilsalicílico por inhibición de la vía de la ciclooxigenasa, por su efecto betabloqueador en otros medicamentos o simplemente por su irritación directa cuando son inhalados.
Formas clínicas de presentación
La revisión de los síntomas y signos que aparecen en las reacciones del parénquima pulmonar a fármacos ha permitido reconocer múltiples síndromes o formas de presentación que pueden ser útiles para su identificación y quedan reflejados en la tabla 4. No obstante, en ocasiones pueden acompañarse de otras alteraciones torácicas, de las vías aéreas (tabla 5) o aparecer de una forma combinada e incompleta.
Enfermedad intersticial
Neumonitis o reacción por hipersensibilidad
Puede ser provocada por la mayoría de los fármacos. El cuadro es similar al producido en la alveolitis alérgica extrínseca donde la presencia de una clínica inespecífica con tos escasamente productiva, fiebre y disnea a los pocas horas o días de la ingesta del fármaco, se acompaña de infiltrados pulmonares habitualmente múltiples que se visualizan mejor en la TC (figs. 1a y b), un trastorno restrictivo con reducción de la transferencia de CO (DLCO) en las pruebas funcionales respiratorias y una linfocitosis en el lavado broncoalveolar (LBA) que prácticamente permiten el diagnóstico si excluimos otras etiologías de presentación similar y se consigue una recuperación tras la retirada del fármaco.
Figs. 1a y b. Radiografía y tomografía computarizada (TC) torácicas. Patrón intersticial difuso en vidrio deslustrado en una neumonitis por hipersensibilidad producida por la ingestión de nitrofurantoína.
Neumonitis o alveolitis intersticial
Es la forma más común de presentación de la enfermedad pulmonar por fármacos. La clínica es insidiosa y se caracteriza por la presencia de tos seca y una disnea progresiva. En la radiografía aparece un patrón intersticial difuso, las pruebas funcionales reflejan una restricción con disminución de la DLCO y la histología confirma un infiltrado intersticial mononuclear con más o menos zonas de fibrosis que aumenta cuando el fármaco no se retira de forma temprana o, en ocasiones, a pesar de su retirada y el inicio de un tratamiento inmunosupresor, empeorando el pronóstico y la gravedad (figs. 2a y b).
Figs. 2a y b. Radiografía y tomografía computarizada (TC). Patrón intersticial compatible con una fibrosis pulmonar en un paciente tratado con amiodarona. Nótese la presencia de múltiples septos subpleurales engrosados y zonas de apanalamiento.
Infiltrados pulmonares con eosinofilia
Pueden ser otra forma de presentación cuando excluimos otras etiologías de eosinofilia pulmonar (tabla 6). La clínica también suele ser inespecífica con tos escasamente productiva, disnea y fiebre acompañados de infiltrados pulmonares que suelen afectar a los lóbulos superiores y ser periféricos (fig. 3a y b), eosinofilia periférica y en el LBA, y resolverse al retirar el fármaco o añadir corticosteroides sin nuevas recidivas tras su resolución si se evita una nueva administración (fig. 4). Se ha descrito la presencia de infiltrados pulmonares y eosinofilia en pacientes que siguen un tratamiento con broncodilatadores inhalados.
Figs. 3a y b. Radiografía y tomografía computarizada (TC) torácicas. Infiltrados alveolares mal definidos de predominio periférico en los lóbulos superiores en una paciente con eosinofilia pulmonar tras un tratamiento con antidepresivos.
Fig. 4. Radiografía de tórax. Resolución de los infiltrados pulmonares con eosinofilia tras la retirada del fármaco.
Bronquiolitis obliterante con neumonía organizativa (BONO)
Es una entidad definida por la presencia de una inflamación de la luz de las pequeñas vías aéreas (bronquiolitis) y la presencia de unos pseudopólipos de tejido conectivo de granulación en los mismos bronquiolos y/o los conductos alveolares (neumonía organizativa) (fig. 5). Es un proceso pulmonar inflamatorio que suele ser idiopático aunque ha sido relacionado con la toma de algunos fármacos y se presenta con una clínica inespecífica, una radiología que suele reflejar una patrón intersticial, un patrón alveolar difuso o localizado (figs. 6a y b), un LBA mixto sin un claro predominio celular y una histología característica que obliga a excluir otras etiologías que comparten algunos

de estos hallazgos que por sí solos son inespecíficos (tabla 7).
Fig. 5. Biopsia pulmonar. Imagen histológica de una bronquiolitis obliterante con neumonía organizativa (BONO).
Fig. 6a y b. Radiografía y tomografía computarizada (TC) torácicas. Patrón alveolar del lóbulo superior derecho secundaria a una bronquiolitis obliterante con neumonía organizativa después de la administración de amiodarona por una arritmia cardíaca.
Otras entidades como la neumonía intersticial descamativa, la neumonía intersticial linfocítica o la neumonía lipoidea también han sido relacionadas con la ingestión de fármacos y para su diagnóstico es imprescindible la histología.
Edema pulmonar
El edema pulmonar no cardiogénico suele aparecer en pocos minutos u horas de la ingestión del fármaco y presentarse de forma similar a un edema agudo pulmonar cardiogénico con la excepción de la ausencia de cardiomegalia y de signos de insuficiencia cardíaca derecha. Los pacientes suelen presentar tos y un aumento rápidamente progresivo de la disnea con estertores crepitantes en la auscultación respiratoria y una radiografía de tórax que refleja un patrón alveolointersticial bilateral mal definido (fig. 7). Las pruebas funcionales respiratorias suelen reflejar un patrón restrictivo con descenso de la DLCO, hipoxemia o insuficiencia respiratoria y una resolución sin secuelas al retirar el fármaco. Existen múltiples fármacos relacionados con este cuadro pero es de especial importancia su relación con la sobredosis de ácido acetilsalicílico, colchicina, heroína, metadona o propoxifeno.
Fig. 7. Radiografía de tórax. Edema agudo pulmonar no cardiogénico tras una sobredosis de heroína. Nótese el patrón intersticial difuso sin cardiomegalia.
Hemorragia pulmonar
Los síndromes hemorrágicos pulmonares (SHP) se caracterizan por la presencia de hemoptisis, anemia e infiltrados pulmonares difusos en la radiografía (fig. 8) e incluyen a todas aquellas entidades clinicopatológicas capaces de producir un sangrado difuso intraalveolar independientemente de su origen. En la mayoría de los casos, los hematíes intraalveolares son secundarios a la lesión de los capilares alveolares y, menos frecuentemente, por afección de las arteriolas precapilares o las vénulas poscapilares. Los SHP atribuidos a fármacos suelen diagnosticarse mediante la broncoscopia realizando un LBA (fig. 9) y/o una biopsia transbronquial de forma similar al síndrome de Goodpasture pero con la ausencia de anticuerpos antimembrana basal, vasculitis o depósitos de inmunocomplejos en la membrana basal de las biopsias pulmonares o renales. Pueden ser secundarios a múltiples etiologías, todas ellas capaces de producir episodios de sangrado recurrentes como ocurre con la administración de fármacos como la amiodarona, la penicilamina o la nitrofurantoína, que tienden a una resolución al retirarlos y/o administrar corticoides.
Fig. 8. Radiografía de tórax. Infiltrado alveolointersticial bibasal en un paciente con una hemorragia pulmonar por penicilamina.
Fig. 9. Lavado broncoalveolar hemático en un paciente con una hemorragia alveolar por penicilamina.
Enfermedades de las vías aéreas
El asma inducida por ácido acetilsalicílico o antiinflamatorios no esteroides (AINE) afecta al 4-20% de los asmáticos y suele asociarse a la presencia de pólipos nasales recurrentes. El cuadro de broncospasmo aparece a los pocos minutos u horas de la ingestión del fármaco o en cualquier momento aunque su administración previa sea prolongada y ausente de complicaciones. En ocasiones, estos cuadros son de extrema gravedad y potencialmente letales al acompañarse de asfixia, anafilaxia, shock y arritmias. También es posible la aparición de broncospasmo durante la administración simultánea de bloqueadores beta por otras enfermedades concomitantes, incluso cuando se realiza en forma de colirios para el tratamiento del glaucoma obligando a evitarlos o substituirlos. Fármacos inhalados como el albuterol (betamimético) o los mucolíticos han sido relacionados con un incremento de la tos y broncospasmo, aunque no puede excluirse que pueda estar en relación a los otros componentes que contienen los preparados.
La bronquiolitis es una inflamación que afecta especialmente al epitelio de los bronquiolos o bronquios más distales, respetando la mayor parte del intersticio pulmonar o los alvéolos. Su definición como obliterante (bronquiolitis obliterante) es debida a que se produce una disminución del calibre de estas estructuras, con capacidad de ocluirla en su totalidad y en el proceso reparativo puede dejar secuelas de distorsión o fibrosis sin afectar a los alvéolos. La radiografía de tórax suele ser normal o reflejar una insuflación, la espirometría demuestra un patrón obstructivo y la broncoscopia es inespecífica, con la posibilidad de encontrar una neutrofilia en el LBA. Esta entidad puede ser idiopática pero en la mayoría de los casos ha sido relacionada con una infección viral en niños o por micoplasma en adultos, a la inhalación de gases o tóxicos y en algunos a la ingestión durante varias semanas de fármacos como la sulfasalazina, las sales de oro o la penicilamina, desapareciendo sus efectos progresivamente si se retiran de forma temprana, evitando que acabe siendo irreversible.
Enfermedades vasculares
La enfermedad pulmonar venooclusiva se caracteriza por la oclusión de las vénulas pulmonares y el incremento de las presiones arteriales pulmonares. Es una enfermedad muy rara y de diagnóstico histológico mediante la biopsia pulmonar, aunque su incidencia ha aumentado por su relación con la administración de fármacos citotóxicos.
Algunos pacientes que utilizaron drogas o sustancias ilícitas han presentado cuadros de vasculitis o hipertensión pulmonar. Los fármacos alfaadrenérgicos nasales han sido relacionados con la presencia de fibrosis u oclusión vascular pulmonar. Se ha atribuido la presencia de hipertensión pulmonar a los medicamentos que contienen derivados de los estrógenos utilizados como supresores del apetito y de mayor riesgo de enfermedad tromboembólica venosa en aquellas mujeres que toman anticonceptivos orales.
Otras formas clínicas
El síndrome de la tos crónica o presencia de tos de una duración superior a las 3 semanas ha sido relacionada con la administración de los inhibidores de la enzima conversiva de la angiotensina (IECA) y algunas sustancias inhaladas como la pentamidina, los mucolíticos o la beclometasona. En la práctica diaria, este efecto con los IECA afecta al 3-20% de los casos iniciándose de forma variable después de su administración (desde su inicio hasta el año de tratamiento continuado) y su reconocimiento es de vital importancia ya que el cese

definitivo se acompaña de una disminución significativa pasados los primeros 3 días o desaparición a los 10 días.
Algunos fármacos pueden dificultar el control o provocar un cuadro similar al lupus eritematoso sistémico en pacientes predispuestos (síndrome lúpico). Estos casos presentan un cuadro sistémico con fiebre, tos, mialgias, exantema cutáneo, artritis o serositis con afección pleural o del parénquima pulmonar en el 50-75% de los casos, habitualmente en forma de neumonitis intersticial, infiltrados alveolares o derrame pleural (fig. 10). A diferencia del lupus convencional, con estos fármacos es rara la presencia de lesiones cutáneas discoides, eritema malar, disfunción renal o del sistema nervioso central. Los valores de complemento o de inmunocomplejos circulantes suelen ser normales y en más del 95% de los pacientes están presentes los anticuerpos antihistonas. Aunque existen más de 40 fármacos capaces de provocar este síndrome, en más del 90% de los casos es secundario a las hidantoínas, la hidralacina, la isoniacida y la procainamida.
Fig. 10. Radiografía de tórax. Derrame pleural derecho ligero en un paciente en tratamiento con hidralacina y un síndrome lúpico.
Procedimientos diagnósticos
En la figura 11 se esquematizan los procedimientos diagnósticos utilizados en el estudio de la toxicidad pulmonar por fármacos. El diagnóstico de este tipo de procesos es difícil por la falta de especificidad de la mayoría de las exploraciones, el uso frecuente de varios fármacos de forma simultánea, la posibilidad de confundirse con la enfermedad de base para el que se indica o de otras complicaciones que pueden asociarse. En la mayoría de los casos sólo podrá establecerse con el antecedente de la administración del fármaco (relación causa-efecto) y unas manifestaciones compatibles (tabla 8) excluyendo otros diagnósticos posibles y observando su resolución al suspenderlo.
Fig. 11. Principales procedimientos utilizados en el diagnóstico de la toxicidad.
Historia clínica, clínica y exploración física
El antecedente de la administración del fármaco es fundamental y esto obliga a insistir de forma intencionada en el tipo, dosis y tiempo de los fármacos que utiliza o ha recibido previamente. Aunque el cuadro puede presentarse de forma inmediata facilitando su sospecha, en algunos pacientes pueden pasar meses hasta que se inician los síntomas sin excluir esta posibilidad. La mayoría de los síntomas o la exploración física son inespecíficos y dependerán de las formas de presentación descritas previamente.
Radiografía y tomografía computarizada torácicas
La radiografía de tórax puede ser normal o inespecífica en hasta el 32% de los casos, aunque su anormalidad es lo más característico e incluye distintos patrones según la forma de presentación. La tomografía computarizada (TC) sigue siendo más útil que la radiografía para definir mejor estos patrones y su extensión, aunque sea menos sensible que las pruebas funcionales respiratorias. Los patrones más habituales son la afección intersticial, el alveolar local o difuso recurrente o migratorio, el atrapamiento aéreo o la insuflación y el derrame pleural.
Estudios de laboratorio
La leucocitosis, el incremento de la velocidad de sedimentación globular (VSG) o la proteína C reactiva (PCR) son frecuentes e inespecíficos. No es rara la presencia de eosinofilia y en los casos con un síndrome lúpico suelen elevarse los anticuerpos antinucleares y antihistonas.
Pruebas funcionales respiratorias
Las alteraciones más frecuentes suelen ser inespecíficas y similares a otras enfermedades intersticiales. Es característica la presencia de una alteración ventilatoria restrictiva aunque la disminución de la transferencia de CO (DLCO) es la más frecuente, sensible y temprana. Los pacientes con un síndrome asmático o bronquiolitis obliterante presentan un patrón obstructivo asociado o no a una prueba broncodilatadora significativa.
Broncoscopia
Aunque esta técnica no proporciona el diagnóstico de la mayoría de los casos, consideramos que es imprescindible por permitir excluir otras causas y orientar mejor esta posibilidad. Las biopsias transbronquiales o pulmonares endoscópicas suelen ser inespecíficas e insuficientes y el LBA puede identificar la presencia de una alveolitis linfocitaria, eosinofílica, neutrofílica o una hemorragia pulmonar. En el LBA de los pacientes con una neumonitis por amiodarona es característica la presencia de una alveolitis linfocitaria con predominio de CD8 o neutrofílica, acompañada de macrófagos espumosos por acumulación de fosfolípidos en forma de inclusiones lamelares en la microscopia electrónica y una autofluorescencia que se relaciona con la exposición al fármaco.
Otras exploraciones
En la actualidad no se ha demostrado la utilidad de la gammagrafía con galio-67 ni de la resonancia nuclear magnética en estos pacientes. La gammagrafía pulmonar de ventilación y perfusión puede ser útil para diagnosticar o descartar fenómenos tromboembólicos.
El ecocardiograma permite excluir la presencia de alteraciones del pericardio, una miocardiopatía y de hipertensión pulmonar o su repercusión en las cavidades derechas.
Tratamiento
El tratamiento de elección es el etiológico y debe iniciarse con la retirada del fármaco sospechoso de toxicidad. Esta medida suele ser suficiente para la resolución del cuadro aunque se acompañará del tratamiento de soporte y la posibilidad de añadir corticoides en los casos más graves, de riesgo o mayor repercusión funcional, especialmente en los que presentan cuadros de broncospasmo o bronquiolitis obliterante. No obstante, la utilidad de los corticoides, las dosis y su duración no están claramente definidas, aconsejando el seguimiento evolutivo del paciente valorar la respuesta y el tiempo en que el fármaco sospechoso de toxicidad es eliminado. En los casos atribuidos a la amiodarona es aconsejable suspender el fármaco e iniciar un tratamiento con prednisona a dosis de 40-60 mg/día (1 mg/kg/día) durante 4-6 semanas para posteriormente reducirla hasta eliminarla en aproximadamente 4-6 meses para evitar recurrencias si se retira de forma temprana.